Si hay algo para sacar ventaja de la propia ridiculez es anticiparse a los hechos y declarse ridículo.
Un chiste contado dos veces pierde efecto.
Y el que ataca primero gana.
Si me caricatueizo y pongo sobre la mesa mis costados más absurdos, le gano de la mano al resto y los dejo sin argumentos.
Al menos surte efecto.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
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